Hace algunos años llegó a Puerto Rico una joven con un gran sueño. No sabía cómo lo haría, pero había aprendido que los puertorriqueños tenemos mucho para dar a pesar de las limitaciones que podamos afrontar. En aquel entonces Dios le habló de iniciar un nuevo ministerio, una iniciativa de la cual no tenía un modelo a seguir. Sin embargo, había aprendido de jóvenes universitarios que le visitaron mientras servía en el Perú. Jóvenes de la Confra de donde ella había sido miembro, aunque nunca participó de alguno de sus viajes misioneros.
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